Visitas indeseadas. Primera Parte.
Muchas veces he contado que he desde niño he tenido sueños molestos, pesadillas que me quitaban el sueño. Creo que todos estaremos de acuerdo si digo que los peores sueños son aquellos en los que estamos seguros nos encontramos despiertos ya que nos hallamos en nuestra cama y sentimos que nos hemos despertado, en algunos casos los casos llamados parálisis de sueño y en muchos otros simples sueños en los que, como mencione, creemos habernos despertado.
De estos tengo unos cuantos bajo mi repertorio, pero contare aquellos más cortos que me atormentaron incluso hasta la edad adulta.
Visitas indeseadas. (Primera Parte)
En varias ocasiones este sueño se repitió, una y otras vez, pero todos con el mismo efecto. Dormía en una litera, en la parte de arriba. La noche iba bien, estaba abrigado con una cobija gruesa pues hacia algo de frío, cerca de las épocas de diciembre o enero. Me despierto en la noche, sentí algo extraño en el cuarto, una mirada fija en alguna parte pero no logre dar con ella. Vuelvo a cerrar los ojos y justo cuando pensé que estaba por dormirme escucho un batir de alas, como una paloma pasar sobre mi y pararse en el pie de la cama.
Me extraño, una paloma entro al cuarto, intento prestar atención a su sonido pero no escucho nada. Intento dormir otra vez, casi lo consigo cuando escucho un graznar "aarr". Abro los ojos y me tapo con la cobija, le escucho volar nuevamente hasta la cabecera de la cama, pero cuando aterriza siento otro llegar al pie de la cama, "aarrr, aarrr". Escucho a ambos graznar, no sentía ninguna presencia maligna, no tengo nada contra los cuervos, pero estos habían aparecido de la nada y estaban uno sobre la cabecera y el otro al pie de la cama, ambos observándome.
Un tercero llega a la cabecera, el primero vuelve a volar hasta el pie de la cama mientras que el que estaba en el pie de la cama al aterrizar el primero vuela hasta la cabecera, haciendo que el tercero iniciara el vuelo al pie de la cama. Parecía una danza, una danza sobre mi cama y no solo podía escuchar cada vez que levantaban el vuelo y aterrizaban, graznaban y volaban, el batir de sus alas provocaba una corriente ligera de aire sobre la cobija que se podía sentir. Y apenas estaban empezando.
"Aaarrr" otro graznido y otro seguido, estaban llegando más y cada vez que paraban en la cabecera o pie de la cama iniciaban el vuelo de otro cuervo, pronto parecían demasiados, tantos que ya ni se molestaban en aterrizar, solo en volar sobre la cama y la corriente de aire aumento gradualmente hasta sentir como si fuera un ventilador encendido sobre mi, congelándome por completo. El frío se extendía por mi cuerpo, no quería levantar la cobija, pero no creía poder soportarlo más, tenía que hacer algo y hacerlo pronto. Sentía que los cuervos habían dejado de graznar y que volaban tan rápido que debían verse como sombras pasar muy rápido sobre mi cama.
Esto ocurrió varias veces, muchas de ellas solo desaparecían como llegaban. Pero una noche, no estaba dispuesto a soportarlo más, ya no podía más, sentía que el frío me mataría. Así que reuní el valor que necesitaba y me quite la cobija de la cabeza y me levante. Me encontré sudando, mis hermanos durmiendo plácidamente y yo con un frío que me llegaba hasta los huesos.
Fin. Visitas indeseadas. (Primera Parte)
Había despertado. Todas esas veces me costo reconciliar el sueño y el frío no parecía irse ni con el sueño ni con los cuervos.
De estos tengo unos cuantos bajo mi repertorio, pero contare aquellos más cortos que me atormentaron incluso hasta la edad adulta.
Visitas indeseadas. (Primera Parte)
En varias ocasiones este sueño se repitió, una y otras vez, pero todos con el mismo efecto. Dormía en una litera, en la parte de arriba. La noche iba bien, estaba abrigado con una cobija gruesa pues hacia algo de frío, cerca de las épocas de diciembre o enero. Me despierto en la noche, sentí algo extraño en el cuarto, una mirada fija en alguna parte pero no logre dar con ella. Vuelvo a cerrar los ojos y justo cuando pensé que estaba por dormirme escucho un batir de alas, como una paloma pasar sobre mi y pararse en el pie de la cama.
Me extraño, una paloma entro al cuarto, intento prestar atención a su sonido pero no escucho nada. Intento dormir otra vez, casi lo consigo cuando escucho un graznar "aarr". Abro los ojos y me tapo con la cobija, le escucho volar nuevamente hasta la cabecera de la cama, pero cuando aterriza siento otro llegar al pie de la cama, "aarrr, aarrr". Escucho a ambos graznar, no sentía ninguna presencia maligna, no tengo nada contra los cuervos, pero estos habían aparecido de la nada y estaban uno sobre la cabecera y el otro al pie de la cama, ambos observándome.
Un tercero llega a la cabecera, el primero vuelve a volar hasta el pie de la cama mientras que el que estaba en el pie de la cama al aterrizar el primero vuela hasta la cabecera, haciendo que el tercero iniciara el vuelo al pie de la cama. Parecía una danza, una danza sobre mi cama y no solo podía escuchar cada vez que levantaban el vuelo y aterrizaban, graznaban y volaban, el batir de sus alas provocaba una corriente ligera de aire sobre la cobija que se podía sentir. Y apenas estaban empezando.
"Aaarrr" otro graznido y otro seguido, estaban llegando más y cada vez que paraban en la cabecera o pie de la cama iniciaban el vuelo de otro cuervo, pronto parecían demasiados, tantos que ya ni se molestaban en aterrizar, solo en volar sobre la cama y la corriente de aire aumento gradualmente hasta sentir como si fuera un ventilador encendido sobre mi, congelándome por completo. El frío se extendía por mi cuerpo, no quería levantar la cobija, pero no creía poder soportarlo más, tenía que hacer algo y hacerlo pronto. Sentía que los cuervos habían dejado de graznar y que volaban tan rápido que debían verse como sombras pasar muy rápido sobre mi cama.
Esto ocurrió varias veces, muchas de ellas solo desaparecían como llegaban. Pero una noche, no estaba dispuesto a soportarlo más, ya no podía más, sentía que el frío me mataría. Así que reuní el valor que necesitaba y me quite la cobija de la cabeza y me levante. Me encontré sudando, mis hermanos durmiendo plácidamente y yo con un frío que me llegaba hasta los huesos.
Fin. Visitas indeseadas. (Primera Parte)
Había despertado. Todas esas veces me costo reconciliar el sueño y el frío no parecía irse ni con el sueño ni con los cuervos.
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