Visitas indeseadas. Segunda Parte.

Una de las cosas que me enseñaron en la religión en la que me críe es que debías nombrar el nombre de Dios y rezarle si querías alejar a los demonios que, según ellos, eran los que molestaban a uno durante las noches. Aún en ese tiempo en el que cría en esas cosas, intente más de una vez orar y nombrar a Dios para que alejara esas cosas de mi, sin ningún efecto, de hecho muchas veces no podía hablar, gritar ni mucho menos moverme, así que se supone que si Dios escuchaba las oraciones debía bastar con nombrarle mentalmente ¿no?. Pues no, No era suficiente.

Mi personalidad se ha caracterizado por ser explosiva cuando sobrepasan mi paciencia, sea humano o no, si me agrede reaccionare. Cuando intente enfrentar a los cuervos, estos desaparecían sin que yo pudiera ni acercarme a ellos y solo en una oportunidad llegue a verlos volar a una velocidad imposible sobre mi, pero no tocarlos. Tal vez, se dieron cuenta de que no era alguien que se dejaba dominar por el miedo, o al menos, cuando tomaba valor me enfrentaba a quien fuera. Así que un buen día dejaron de volver. Pero aun así, hay quienes nunca aprenden.

Visitas indeseadas. Segunda Parte.

Todos lo hemos vivido, durmiendo en el cuarto mas grande de la casa desde que era pequeño y en más de una oportunidad les escuche acercarse. Sentía su presencia cuando salían, por alguna razón, del ultimo cuarto, lo que nunca vi fue cuando entraban al cuarto y pasarían años en entender por qué.

Dormía plácidamente en la parte superior de la litera <risas disimuladas parecían lejanas> sabía que esas risitas pertenecían a seres pequeños y lo sabía por que no era la primera vez que me visitaban otras veces no los sentía llegar hasta que empezaban su juego. La cobija o sabanas empezaban a deslizarse poco a poco hacia un lado de la cama como arrastradas por su propio peso no fui capaz de moverme para agarrarla, no podía tan siquiera moverme y no era por el miedo simplemente no podía mover mi cuerpo, así que la sabana recorrió su camino hasta el piso dejándome vulnerable ante el frío.

Durmiendo de lado o boca arriba sentía, sin poder abrir los ojos, algo caminar sobre la cama, paso pequeños, como brincando y toqueteando las piernas o las costillas. Todo parecía inofensivo pero yo sabía que iba a pasar a continuación, no era la primera vez y estaba seguro no sería la ultima, intente con todas mis fuerzas moverme, invocar a un Dios sordo para obtener ayuda, hacer algún gesto para que alguien de la habitación si es que estaba dormido me despertara, o se diera cuenta de si algo extraño pasaba, pero mi cuerpo no reaccionaba, estaba completamente paralizado y ellos lo sabían y sentí entonces lo que había sentido en mi médula espinal muchas veces, la maldad que habían estado ocultando para tapar su presencia.

Con uñas que parecían garras empezaron a arañar la piel, piernas, brazos, espalda y costilla. Eso no les bastaba, se subían sobre mi y empezaban a brincar como festejando mientras alguno de ellos metían su mano en mi ombligo y hacían presión, hurgaban y arañaban. Una sensación muy molesta, más que los arañazos en el cuerpo. Entre risas continuaban su juego por horas y horas, a veces lograba despertar y me quedaba sudando, viendo el techo y envidiando el sueño tranquilo de mis hermanos. Muchas veces al lograr volver a dormir, el juego continuaba. Una pesadilla continua.

Tiempo después, se adapto el ultimo cuarto como habitación y dormí en él. Las visitas pararon, aunque yo sentía que se abría la puerta, sentía que salían como buscando, en mi interior me decía que estaban desorientados, no esperaban encontrarme en esa misma habitación aunque no tardarían en hallarme, unos meses mas tarde.

Las primeras veces logre agarrar la cobija, ya había dejado de creer en Dios. Le di un tirón fuerte a la cobija y sentí una presión como si algo la retuviera, tire más fuerte entonces y me traía la cobija como si hubiera sido soltada. Inmediatamente revisaba los espacios , de ahora una cama, dormía solo en el cuarto y había tenido un muy mal día así que no estaba dispuesto a perder el sueño. Pasaron unos días más y volví a recibir las visitas, solo que esta vez no tiraron de la cobija, subieron sobre ella, mientras unos paseaban bajo la cobija buscando, lo que sabían me provocaba mas molestia. Sentí que me abrían un ojo, unas manos pequeñitas, un aura de maldad. No vi nada, sea lo que fuera que estuviera ahí, no podía verse, solo sentirse <risas>.

Empiezan a brincar sobre mi, riendo, dispuestos a molestar esa noche y las siguientes, pero mi tolerancia había llegado a cero, ya en mis sueños había aprendido a volar y si reunía la suficiente fuerza y concentración, lograría mover mi cuerpo, ya otras veces lo había movido un poco así que tenía una idea de como lograrlo y la suficiente ira acumulada para ello. Si aquellas cosas estaban vivas, pagarían con ella su osadía. Sentí como empezaban a arañar el cuerpo y se detuvieron de pronto, moví el brazo fuera de la cobija y lo deje caer como si no me hubiera despertado. Sentía su peso, sobre mi, los sentí esperar un rato, un tiempo que yo simulaba solo dormir  que el movimiento solo fue casual. Tomaron confianza, sentí nuevamente su maldad crecer con ella y esa fue su perdición.

Calcule mediante el peso su ubicación, sin abrir los ojos moví rápidamente mi mano con todas mis fuerzas y capture sobre mi a uno. La presión se libero unos segundos, abrí los ojos y levante la mano, solo a ella podía moverse, el resto seguía paralizado, no había nada en mi mano, nada que pudiera verse, pero si algo que podía sentirse. Luchaba contra mi mano que le presionaba fuertemente, algo en mi mente me dijo que así no lograría nada, no podían morir, por más que presionaba eso no le haría el suficiente daño, la presión sobre mi aumento, una presión aplastante que buscaba inmovilizarme nuevamente, desesperadamente. Debía pensar rápido, si escapaban, si me lograban dominar estaba seguro que mis próximas noches serían una verdadera pesadilla. Así que hice lo único que se me ocurrió.

Por instinto lleve aquella cosa invisible a mi boca, escuche gritos pequeños de horror, no solo de aquel que tenía en mis manos, sino de sus acompañantes. Apenas le mordí la cabeza la presión cayo y mi mano izquierda se libero, instantáneamente busco otro objetivo mientras devoraba al primero intento luchar pero lo devoré rápido mientras un par de piernas intentaba saltar hacia mi y mi mano derecha ya libre le capturo. El principio de una habilidad nueva y un poder que empezaría a usar, si no podía matarles, iba a devorarlos.

Al principio dije que había algunos que no aprendían, la siguiente noche volvió la visita, el número se había incrementado, así como las victimas. Ninguno huyó, valentía o estupidez esa segunda noche fue la ultima vez que sentí su presencia y más nunca volverían los dichosos duendes a molestar. Comí aire, pero esos días me desperté con más energía que nunca.

Fin. Visitas indeseadas. Segunda Parte.

Desde esa vez no he vuelto a sentir lo que es la parálisis del sueño, mi mente se fortaleció al punto que fui dada vez más capaz de mover mi cuerpo, exceptuando una ocasión, pero esa es otra historia. Lo cierto es que desde esa vez el tono de mis pesadillas cambio dramáticamente, yo adquiriendo un vicio anormal por las almas de aquellos que atormentaban mis sueños, cazándolos y devorándolos, ya no sería yo quien huiría, aunque eso no evitaría ni mucho menos seguir teniendo sueños perturbadores.

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