Pequeños demonios.

quién puede decir que recuerda el primer sueño que tuvo? al menos al entrar en conciencia. No puedo decir con seguridad que sea el primero, pero debe estar bastante cerca ya que para entonces debía tener cerca de tres años por que mi hermano menor estaba recién nacido. Su origen, la estupidez humana. Como un adulto va a hablar cerca de un niño cosas que pueden asustarlo? Como vamos a pensar que los niños por ser pequeños no son capaces de entender? Yo entendía y sus comentarios influenciaron este sueño convirtiéndolo en mi primera pesadilla. Pónganse en el lugar de un niño pequeño, aunque tal vez no haga falta que lo hagan para que sientan terror.

Pequeños demonios.

No recuerda exactamente donde estaba la cuna o si estaba durmiendo junto a mi hermano pequeño en ese momento. Pero si recuerdo unas voces hablar en voz baja cerca de nosotros. No podían ser de los adultos, sonaban casi a nuestra altura mientras los pasos se movían al rededor.

- Ese no, el otro, ¡el otro! - dice uno.
- Baja la voz, que no despierten.
- Lo tengo, vamos, ¡vamos! - Siento como pasan por arriba de la cuna a mi hermano y alguien lo recibe del otro lado.

Espero unos segundos pero la curiosidad me hace abrir los ojos. Veo salir de la habitación a unos seres pequeños, con gorros puntiagudos llevando sobre ellos de alguna manera a mi hermano. Veo que mis padres están durmiendo y no creo tener tiempo de despertarlos. Muevo una tabla en uno de los extremos de la cama que me permite salir de la cuna sin que nadie se de cuenta y lo dejo en su lugar. Corro tras los pequeños seres que han dejado la puerta abierta, ya han bajado las escaleras y se dirigen hacia la sala.

Me agarro de los altos barandales para bajar paso a paso lo mas rápido que puedo y corro hasta la sala. No hay nada, ya no están. Me devuelvo a la cocina, a donde están las escaleras pero me doy cuenta que llamar a mis padres no servirá de nada, mi hermano ya no esta. Pero, la puerta estaba cerrada. <Estarán escondidos> vuelvo a ir a la sala y esta vez me doy cuenta que hay un lugar donde pueden estar. Ha mi hermana hace poco le han regalado una casa de muñecas que es solo un poco mas pequeña que yo, tal vez lo suficientemente grande para esos seres que llevaban a mi hermano, pero la puerta era demasiado pequeña para mi.

Me acerco a ella para ver a través de esa puerta pero no veo nada, cuando muevo la casa veo que estaba tapando una pequeña puerta en la pared de no mas de diez centímetros, me acerque a ella resulto ser mas grande de lo que esperaba, podía pasar por ella sin problemas.

- Llévenlos allá, apúrense, apúrense que va a amanecer. - Un hombrecillo le daba ordenes a otros sujetos de iguales características. Veo a la derecha unas cajas y me acerco a ellas para esconderme.

La entrada por la que pase no era la única, había muchas otras y los duendes estaban trayendo bebés de cada una de esas entradas.

- Apúrense, apúrense que llega el amanecer y se cierran las entradas - vuele a repetir el hombrecillo.

Volteo a la entrada y logro ver en la ventana de mi casa que la oscuridad se disipada por la luz del sol, si no me apuraba me quedaría ahí atrapado. veo que hay una escalera a unos metros frente a las entradas, están son de piedra, como si y se bifurcaban a la derecha y la izquierda y el medio dejaba espacio para un pasillo que daba a una especie de plataforma de trenes. Noto que en el piso donde me encuentro hay túneles cerca de las otras entradas, pero a todos los bebés los llevaban a alguna parte arriba a la derecha. Pero no podía pasar sin que me vieran.

Un par de duendes pasaron cerca de la casa camino a la salida, sabía que buscarían el bebé de una vecina cerca de la casa. Apenas salieron escucho una voz detrás de mi.

¿Necesitas ayuda?
Volteo alarmado sin saber que hacer.
- No, en serio necesitas ayuda. ¿Por qué no les avisaste a tus papas? - Me pregunta el hombrecillo.
- No lo se. - le respondo asustado.
¿Quieres que te ayude? - me dice el duende.
¿Por qué? - le pregunto extrañado.
- Por qué no me gusta lo que hacen. Dime, ¿quieres mi ayuda?

Era claro que si la necesitaba, pero algo en él no me hacia sentirme seguro.
- Si, ¿a donde llevan a los bebés? - le pregunto
- Vamos, te mostraré. Ponte esto para que no te reconozcan. - Me da un gorro y una ropa parecida a la que el llevaba. Rápido me la pongo y entonces salimos de detrás de las cajas para subir por las escaleras.

<Parece funcionar> pienso <no se han dado cuenta de que no soy de ellos> Las miradas me evitan mientras siguen trabajando y el duende me lleva a un piso superior donde puedo ver a muchos bebés durmiendo.

¿Donde esta mi hermano? - le pregunto.
- Debe ser alguno de estos. - me responde señalando a los bebés mas cercanos puestos en pequeñas cunas de madera.
Reviso varias cunas sin ver en ninguna a mi hermano.
- Debes apurarte, esta por amanecer. - Dice el duende - y las puertas se cierran al amanecer.

El duende solo me observaba mientras yo buscaba en las cunas y veo una detrás de el. Me acerco a ella y veo a mi hermano en ella. - Es este - le digo.
¡Oh! que bueno que lo conseguiste. ¿Y ahora como saldrás?

No entendí que me quiso decir pero ya me estaba agarrando con fuerza un brazo. Moví mi brazo desesperadamente para soltarme y en eso le doy un golpe que lo arroja al suelo dejándolo inconsciente. Tomo a mi hermano y salgo de la habitación en busca de las escaleras y tapándome con el gorro para evitar que alguien me note.

Ya casi llegando al final de las escaleras suena una alarma con una luces amarillas. - Intruso, intruso. - Se escucha una pequeña voz. Salgo corriendo a la puerta con mi hermano en brazos sintiendo a mis perseguidores detrás. Veo que la puerta parece estar mas pequeña así que aprovecho mis ropas y el impulso para deslizarme de rodillas.

Me encuentro en la mitad en la sala de mi casa, volteo y veo detrás de mi la pequeña casa tirada a un lado, justo al lado de la puerta de la cocina, donde se hallan las escaleras para ir al cuarto de mis padres. Me quedo esperando unos segundos seguro de que saldrán los duendes tras de mi, pero nada ocurre, no hay rastro de la puerta que antes se veía en la pared. La luz me indica que ya es de día y la puerta se ha cerrado.

Fin. Pequeños demonios.

Durante casi toda mi infancia no le di la espalda a esa pared. Sintiendo siempre la sensación de que algún día iba a abrirse de nuevo esa puerta.

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