Una ira incontrolable
Ha pasado ya un año y medio desde que tuve este sueño. Me había mudado a la casa de mi padre con mi novia y estábamos ya haciendo planes para irnos del país. Ella había decidido viajar a la tierra de sus abuelos para visitar a la familia una semana. No fueron tiempos para nada fáciles en nuestra relación, así que había cierto nivel de estrés generado no solo por la crítica situación del país sino también por la inseguridad. Soy de las personas que destacan en cierta forma de su entorno, viviendo en un barrio peligroso pero con la apariencia de un chico de clase media. Así que tenia que lidiar también con intentos de asalto de manera constante.
Nuevamente, no creo en Dios, pero a mi subconsciente tiende a importarle muy poco esto así que usa todo a su alcance para hacerme las noches, los sueños, imposibles. Desde que llegamos al lugar, mi novia y yo escuchamos en el cuarto de al lado, ahora desocupado, ruidos extraños y hasta un golpe en la puerta que atribuimos al gato. Ahora, con ella lejos por un tiempo, yo vi la oportunidad de relajar los hilos tensos un poco y los terrores nocturnos vieron su oportunidad de contraatacar.
Una ira incontrolable.
La noche transcurría normal, después de un día de trabajo me había acostado un poco mas tarde de lo acostumbrado jugando en la consola de vídeo juegos así que estaba muy cansado. El sueño me atrapo rápido.
Unos pasos al borde de la cama llamaron mi atención, siempre cierro con seguro la puerta. No abro los ojos, solo intento saber quien esta ahí y si es la gata, para sacarle del cuarto. Me acomodo en la cama, me siento cansado así que solo le ignoro. Escucho como cierran de golpe la puerta del cuarto sacándome nuevamente de mi sueño.
Al rato, siento el sueño vuelve a ganarme, pero antes de que caiga en él escucho abrirse la puerta del armario con un rechinido. Nuevamente ignoro el sonido e intento dormir.
Pasan unas cuantas horas, al menos eso creo, antes de escuchar otro sonido, alguien se ha sentado en la cama. Uno de los extremos esta completamente pegado a la pared y yo ando en el medio de la cama, siento que hace frío aunque estoy abrigado. La cobija empieza a deslizarse a un lado descubriéndome poco a poco.
Abrí los ojos por completo, sintiendo aun moverse la cobija. Dependiendo de la situación, puedo ser algo tolerante, sin embargo llevar mi paciencia al límite no es aconsejable. Agarre la cobija y me la quite arrojándola a un lado y poniéndome de pie enseguida noto que la puerta esta entre abierta.
- ¿Quieres jugar? - le digo a quien se esta detrás de ella, pues podía sentirle - ¡Juguemos entonces! - le gruño.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me moleste tanto, sentía que la sangre hervía dentro de mí. Sentía que mis manos me quemaban, no, era algo mas parecido a un cosquilleo, algo recorriendo mi ser. Las observo y noto como una especie de aura oscura, una oscuridad total y absoluta iba cubriéndolas después de ya haber cubierto todo mi cuerpo. Escucho la puerta cerrarse de golpe.
Corro hasta ella y la arranco del marco arrojándola detrás de mi. - ¿Donde estás maldita escoria? - digo en voz alta con suficiente fuerza para demostrar la furia que ahora sentía y mientras observo el pasillo que da a la sala y luego conecta a la cocina, completamente vacío. La voz que salía de mi era ya gutural, no por que así lo quisiera.
Veo la puerta que esta a un paso de mi, la del cuarto donde normalmente escucho los sonidos. La tiro de una patada. - ¡Muéstrate, me querías despierto y ahora estoy despierto! - el cuarto se halla vacío, solo con algunos cachivaches almacenados, muy pequeño y con demasiados objetos como para esconderse en el.
Me dirijo a la sala con pasos rápidos, pero pesados, puedo escucharlos retumbar. No hay lugar donde esconderse en la sala, veo cerrada la puerta del cuarto de mi padre así que camino hasta la cocina pero esta también se halla vacía. Grito de furia, se que esta en la casa, aun puedo sentirle. Camino hasta la puerta del cuarto de mi padre y la abro de un golpe (la puerta no se haya del lado correcto), aunque sin tirarla. Los veo durmiendo a él y su esposa, como si nada pasara, pero de la cosa que me despertó no veo nada.
- ¡Muéstrate de una vez maldito cobarde! - grito nuevamente mientras observo la sala de lado a lado. Creo sentirle en mi cuarto y corro hasta el. Nada.
<Bajo la cama> - pienso. Doy dos pasos y con las garras de mis manos levanto el colchón junto a la base arrojándola a un lado mientras levanto la otra cama justo al lado y la levanto para poder ver bajo ella. No hay nada. Grito de pura furia y empiezo a destrozar todo en el cuarto.
Fin. Una ira incontrolable.
Desperté sintiendo aun parte de ese sabor a ira en mi boca y aun cosquilleando en todo mi cuerpo. <Absurdo> - pensé. Mi subconsciente había logrado molestarme a un punto que no lo había hecho antes y tal vez solo por eso me dejo descasar con tranquilidad, al menos hasta que salí del país.
Nuevamente, no creo en Dios, pero a mi subconsciente tiende a importarle muy poco esto así que usa todo a su alcance para hacerme las noches, los sueños, imposibles. Desde que llegamos al lugar, mi novia y yo escuchamos en el cuarto de al lado, ahora desocupado, ruidos extraños y hasta un golpe en la puerta que atribuimos al gato. Ahora, con ella lejos por un tiempo, yo vi la oportunidad de relajar los hilos tensos un poco y los terrores nocturnos vieron su oportunidad de contraatacar.
Una ira incontrolable.
La noche transcurría normal, después de un día de trabajo me había acostado un poco mas tarde de lo acostumbrado jugando en la consola de vídeo juegos así que estaba muy cansado. El sueño me atrapo rápido.
Unos pasos al borde de la cama llamaron mi atención, siempre cierro con seguro la puerta. No abro los ojos, solo intento saber quien esta ahí y si es la gata, para sacarle del cuarto. Me acomodo en la cama, me siento cansado así que solo le ignoro. Escucho como cierran de golpe la puerta del cuarto sacándome nuevamente de mi sueño.
Al rato, siento el sueño vuelve a ganarme, pero antes de que caiga en él escucho abrirse la puerta del armario con un rechinido. Nuevamente ignoro el sonido e intento dormir.
Pasan unas cuantas horas, al menos eso creo, antes de escuchar otro sonido, alguien se ha sentado en la cama. Uno de los extremos esta completamente pegado a la pared y yo ando en el medio de la cama, siento que hace frío aunque estoy abrigado. La cobija empieza a deslizarse a un lado descubriéndome poco a poco.
Abrí los ojos por completo, sintiendo aun moverse la cobija. Dependiendo de la situación, puedo ser algo tolerante, sin embargo llevar mi paciencia al límite no es aconsejable. Agarre la cobija y me la quite arrojándola a un lado y poniéndome de pie enseguida noto que la puerta esta entre abierta.
- ¿Quieres jugar? - le digo a quien se esta detrás de ella, pues podía sentirle - ¡Juguemos entonces! - le gruño.
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que me moleste tanto, sentía que la sangre hervía dentro de mí. Sentía que mis manos me quemaban, no, era algo mas parecido a un cosquilleo, algo recorriendo mi ser. Las observo y noto como una especie de aura oscura, una oscuridad total y absoluta iba cubriéndolas después de ya haber cubierto todo mi cuerpo. Escucho la puerta cerrarse de golpe.
Corro hasta ella y la arranco del marco arrojándola detrás de mi. - ¿Donde estás maldita escoria? - digo en voz alta con suficiente fuerza para demostrar la furia que ahora sentía y mientras observo el pasillo que da a la sala y luego conecta a la cocina, completamente vacío. La voz que salía de mi era ya gutural, no por que así lo quisiera.
Veo la puerta que esta a un paso de mi, la del cuarto donde normalmente escucho los sonidos. La tiro de una patada. - ¡Muéstrate, me querías despierto y ahora estoy despierto! - el cuarto se halla vacío, solo con algunos cachivaches almacenados, muy pequeño y con demasiados objetos como para esconderse en el.
Me dirijo a la sala con pasos rápidos, pero pesados, puedo escucharlos retumbar. No hay lugar donde esconderse en la sala, veo cerrada la puerta del cuarto de mi padre así que camino hasta la cocina pero esta también se halla vacía. Grito de furia, se que esta en la casa, aun puedo sentirle. Camino hasta la puerta del cuarto de mi padre y la abro de un golpe (la puerta no se haya del lado correcto), aunque sin tirarla. Los veo durmiendo a él y su esposa, como si nada pasara, pero de la cosa que me despertó no veo nada.
- ¡Muéstrate de una vez maldito cobarde! - grito nuevamente mientras observo la sala de lado a lado. Creo sentirle en mi cuarto y corro hasta el. Nada.
<Bajo la cama> - pienso. Doy dos pasos y con las garras de mis manos levanto el colchón junto a la base arrojándola a un lado mientras levanto la otra cama justo al lado y la levanto para poder ver bajo ella. No hay nada. Grito de pura furia y empiezo a destrozar todo en el cuarto.
Fin. Una ira incontrolable.
Desperté sintiendo aun parte de ese sabor a ira en mi boca y aun cosquilleando en todo mi cuerpo. <Absurdo> - pensé. Mi subconsciente había logrado molestarme a un punto que no lo había hecho antes y tal vez solo por eso me dejo descasar con tranquilidad, al menos hasta que salí del país.
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