Asesinos despiadados: La manifestación de una ira contenida.
Está ha sido una semana realmente agotadora, es como si al escribir los sueños de pronto fueran más fácil de recordar. Incluso he llegado a tener hasta tres sueños distintos por noche y cada uno con su respectivo final así que siento que las noches han sido largas, agitadas y agotadoras. Aún me pregunto si los sueños son una ventana a un mundo en el que somos observadores o participantes indispuestos y parte de nuestras energías, aquellas que deberíamos recuperar con el sueño, la perdemos en ese viaje. Que voy a saber yo al respecto, después de todo la realidad es solo una construcción de nuestra mente y nada más, eso es lo único que se y sabiendo eso también se que todo es posible.
Asesinos despiadados: La manifestación de una ira contenida.
Ella estaba furiosa y tenia razones para estarlo luego de haber estar encerrada por años, siglos, milenios. Aun así el paso del tiempo no parecía haberle afectado en absoluto, aun se veía como una mujer joven entre sus veinticinco y treinta años pero sus ojos revelaban un conocimiento que sobrepasaba esa edad y por mucho. Su pelo negro y rizado le llegaba un poco más abajo de sus hombros combinando con sus ojos y el vestido que llevaba que parecía de seda negra combinado con la piel de algún animal de piel igual de oscura. Ella había sido la reina de aquel lugar que ahora era solo un desierto arenoso acariciado por la luz del ocaso.
Dirigió su mirada hacía su izquierda, con gran elegancia y marcada arrogancia. Muy lejos en aquella dirección avanzaba una caravana, mercaderes o nómadas del desierto, difícil saberlo, pero cuando ella les presto atención el mundo pareció moverse para que ella pudiera estar en un lugar donde los pudiera visualizar mejor, no fue como si ella se moviese sino como si el desierto fuera el que se moviera, es algo bastante difícil de explicar. Ahí estaba ella sobre aquella colina y su sombra se proyectaba sobre la caravana que enseguida se percato de su presencia. Sus ojos se tornaron más fríos y hizo una muesca de asco y desagrado e hizo un pequeño gesto con su mano sobre la arena.
Al principio solo parecía que algunos granos de arena se hubieran desprendido y movido colina abajo debido al peso de ella, pero a solo unos metros una figura pareció moverse bajo la arena en dirección a la caravana. Hombres que debían ser guardaespaldas notaron ese movimiento y parecía que se preparaban para sacar sus armas. Sin embargo, la arena bajo sus pies empezó a tragárselos y se podría pensar que se trataba de arenas movedizas, pero con el remolino de arena que se los tragaba aparecían brazos formados de arena que los aferraban con fuerzan y los huían en ella, humanos y animales, todos arrastrados bajo tierra en una agitada pelea que solo duro unos segundos.
La calma llego y con ella, en el centro de aquel remolino de arena se irguió una figura desde la arena que ante la oscuridad de la noche ya próxima parecía humana, aquella criatura no tenía un rostro y poco a poco fue tomando una forma mucho mas solida que la arena. Sin mediar palabras la mujer dirigió su mirada al norte y desapareció llevándose consigo a aquel demonio.
La bruja realizó la invocación de tres demonios más, todas acompañadas de la muerte de algún grupo desafortunado, antes de llegar a las cavernas de una montaña elevada. Mientras ella avanzaba por aquellas cavernas una luz roja le iluminaba el paso mientras era seguida por cuatro sirvientes demoníacos cubiertos por unas túnicas negras. En el centro de aquella caverna oscura realizó la última invocación, una que no requirió de algún sacrificio. La oscuridad extrema y el frío de aquel lugar se remolinaron en un punto dando forma a un quinto demonio de cuerpo rojizo, cuatro alas que además tenían unos ojos que estaban en las articulaciones de estas y poseía un gran ojo en su cabeza rodeado por ojos más "normales" al rededor de ella. Su boca carecía del musculo que le da forma a nuestros cachetes pudiendo verse la comisura de su boca llegar hasta cerca de donde debían estar los oídos, los cuales no eran visibles, similar a la boca de un caimán pero conservando la simetría humana si es que eso tiene algún sentido.
- Se podría considerar suicidio invocar a un dragón - dijo la criatura en una voz algo gutural.
- Se podría considerar suicidio enfrentarme - replicó ella.
El demonio pareció prestar mejor atención a su invocadora y al hacerlo su aspecto empezó a cambiar, reduciendo su tamaño original y su forma a la de un ser humano convencional.
- Tengo hambre - termino por decir el dragón.
- Hay un lugar en el que podrás darte un buen festín - dijo ella con una sonrisa.
Una boda se llevaba a cabo en una gran catedral, la sala estaba llena y por lo que se podía ver, se trataba de la boda de alguien importante. La boda se encontraba en el momento en el que los novios se dan el beso y los asistentes se encontraban de pie aplaudiendo y riendo. Había mucha emoción en el ambiente y los novios se preparaban para desfilar por el centro de la sala a su salida cuando una puerta al costado izquierdo de la iglesia se abrió de súbito y con fuerza llamando la atención de todos los presentes.
Entro entonces un hombre alto cubierto con una túnica negra seguido de aquella mujer y otros cuatro sujetos todos cubiertos con una túnica similar al primero. El desconcierto de los asistentes era razonable, ya que aquellos extraños se quedaron ahí de pie unos segundos sin hacer mas que observarlos. El primer hombre en entrar giro ligeramente su cuello como esperando alguna señal de aquella mujer mientras unos hombres, guarda espaldas, escoltas o soldados, empezaron a moverse por el costado en dirección al grupo.
- Hazlo ya - dijo burlonamente la mujer al hombre que esperaba su señal.
Este profirió una risa gruesa y aterradora que detuvo en seco a los hombres que se acercaban, o tal vez fue lo que hizo enseguida. Su túnica negra se vio desgarrada por la súbita aparición de sus cuatro alas rojas con las que emprendió un rápido vuelo hasta la parte alta de la catedral y se poso en una viga del techo desde donde observo a los aterrados espectadores.
- Tienen treinta segundos para salir, los que no lo consigan se convertiría en mi comida. - dijo desde aquella posición mientras su cuerpo crecía en tamaño.
Ante aquellas palabras y lo que acaban de ver los allí reunidos empezaron a gritar y a correr hacia las salidas de la catedral, cuando los novios intentaron hacer lo mismo fueron detenidos por la bruja.
- ¡Oh! ustedes no corderitos - dijo mientras caminaba hacia ellos mientras un aura proveniente de ella creaba una prisión paralizante en ellos.
No es que el resto tuviera mejor suerte, porque el dragón dijo que no devoraría a los que lograrán salir en treinta segundos, pero nunca dijo que tendrían el paso libre hacia la salida, donde el resto de los demonios se habían trasladado con pasmante rapidez.
Fin. Asesinos despiadados: La manifestación de una ira contenida.
No vi más a partir de aquí y algo me dice que es mejor así.
Asesinos despiadados: La manifestación de una ira contenida.
Ella estaba furiosa y tenia razones para estarlo luego de haber estar encerrada por años, siglos, milenios. Aun así el paso del tiempo no parecía haberle afectado en absoluto, aun se veía como una mujer joven entre sus veinticinco y treinta años pero sus ojos revelaban un conocimiento que sobrepasaba esa edad y por mucho. Su pelo negro y rizado le llegaba un poco más abajo de sus hombros combinando con sus ojos y el vestido que llevaba que parecía de seda negra combinado con la piel de algún animal de piel igual de oscura. Ella había sido la reina de aquel lugar que ahora era solo un desierto arenoso acariciado por la luz del ocaso.
Dirigió su mirada hacía su izquierda, con gran elegancia y marcada arrogancia. Muy lejos en aquella dirección avanzaba una caravana, mercaderes o nómadas del desierto, difícil saberlo, pero cuando ella les presto atención el mundo pareció moverse para que ella pudiera estar en un lugar donde los pudiera visualizar mejor, no fue como si ella se moviese sino como si el desierto fuera el que se moviera, es algo bastante difícil de explicar. Ahí estaba ella sobre aquella colina y su sombra se proyectaba sobre la caravana que enseguida se percato de su presencia. Sus ojos se tornaron más fríos y hizo una muesca de asco y desagrado e hizo un pequeño gesto con su mano sobre la arena.
Al principio solo parecía que algunos granos de arena se hubieran desprendido y movido colina abajo debido al peso de ella, pero a solo unos metros una figura pareció moverse bajo la arena en dirección a la caravana. Hombres que debían ser guardaespaldas notaron ese movimiento y parecía que se preparaban para sacar sus armas. Sin embargo, la arena bajo sus pies empezó a tragárselos y se podría pensar que se trataba de arenas movedizas, pero con el remolino de arena que se los tragaba aparecían brazos formados de arena que los aferraban con fuerzan y los huían en ella, humanos y animales, todos arrastrados bajo tierra en una agitada pelea que solo duro unos segundos.
La calma llego y con ella, en el centro de aquel remolino de arena se irguió una figura desde la arena que ante la oscuridad de la noche ya próxima parecía humana, aquella criatura no tenía un rostro y poco a poco fue tomando una forma mucho mas solida que la arena. Sin mediar palabras la mujer dirigió su mirada al norte y desapareció llevándose consigo a aquel demonio.
La bruja realizó la invocación de tres demonios más, todas acompañadas de la muerte de algún grupo desafortunado, antes de llegar a las cavernas de una montaña elevada. Mientras ella avanzaba por aquellas cavernas una luz roja le iluminaba el paso mientras era seguida por cuatro sirvientes demoníacos cubiertos por unas túnicas negras. En el centro de aquella caverna oscura realizó la última invocación, una que no requirió de algún sacrificio. La oscuridad extrema y el frío de aquel lugar se remolinaron en un punto dando forma a un quinto demonio de cuerpo rojizo, cuatro alas que además tenían unos ojos que estaban en las articulaciones de estas y poseía un gran ojo en su cabeza rodeado por ojos más "normales" al rededor de ella. Su boca carecía del musculo que le da forma a nuestros cachetes pudiendo verse la comisura de su boca llegar hasta cerca de donde debían estar los oídos, los cuales no eran visibles, similar a la boca de un caimán pero conservando la simetría humana si es que eso tiene algún sentido.
- Se podría considerar suicidio invocar a un dragón - dijo la criatura en una voz algo gutural.
- Se podría considerar suicidio enfrentarme - replicó ella.
El demonio pareció prestar mejor atención a su invocadora y al hacerlo su aspecto empezó a cambiar, reduciendo su tamaño original y su forma a la de un ser humano convencional.
- Tengo hambre - termino por decir el dragón.
- Hay un lugar en el que podrás darte un buen festín - dijo ella con una sonrisa.
Una boda se llevaba a cabo en una gran catedral, la sala estaba llena y por lo que se podía ver, se trataba de la boda de alguien importante. La boda se encontraba en el momento en el que los novios se dan el beso y los asistentes se encontraban de pie aplaudiendo y riendo. Había mucha emoción en el ambiente y los novios se preparaban para desfilar por el centro de la sala a su salida cuando una puerta al costado izquierdo de la iglesia se abrió de súbito y con fuerza llamando la atención de todos los presentes.
Entro entonces un hombre alto cubierto con una túnica negra seguido de aquella mujer y otros cuatro sujetos todos cubiertos con una túnica similar al primero. El desconcierto de los asistentes era razonable, ya que aquellos extraños se quedaron ahí de pie unos segundos sin hacer mas que observarlos. El primer hombre en entrar giro ligeramente su cuello como esperando alguna señal de aquella mujer mientras unos hombres, guarda espaldas, escoltas o soldados, empezaron a moverse por el costado en dirección al grupo.
- Hazlo ya - dijo burlonamente la mujer al hombre que esperaba su señal.
Este profirió una risa gruesa y aterradora que detuvo en seco a los hombres que se acercaban, o tal vez fue lo que hizo enseguida. Su túnica negra se vio desgarrada por la súbita aparición de sus cuatro alas rojas con las que emprendió un rápido vuelo hasta la parte alta de la catedral y se poso en una viga del techo desde donde observo a los aterrados espectadores.
- Tienen treinta segundos para salir, los que no lo consigan se convertiría en mi comida. - dijo desde aquella posición mientras su cuerpo crecía en tamaño.
Ante aquellas palabras y lo que acaban de ver los allí reunidos empezaron a gritar y a correr hacia las salidas de la catedral, cuando los novios intentaron hacer lo mismo fueron detenidos por la bruja.
- ¡Oh! ustedes no corderitos - dijo mientras caminaba hacia ellos mientras un aura proveniente de ella creaba una prisión paralizante en ellos.
No es que el resto tuviera mejor suerte, porque el dragón dijo que no devoraría a los que lograrán salir en treinta segundos, pero nunca dijo que tendrían el paso libre hacia la salida, donde el resto de los demonios se habían trasladado con pasmante rapidez.
Fin. Asesinos despiadados: La manifestación de una ira contenida.
No vi más a partir de aquí y algo me dice que es mejor así.
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