Una ira incontrolable: La perdida de mi humanidad.

A veces al recordar el pasado, me doy cuenta que he pasado por innumerables dificultades. Desde pequeño había perdido mi lugar seguro, mi hogar era un infierno, no tenía amigos ni en el barrio ni en el colegio siendo tratado como "el pegoste ese". Así que, estar despierto era una pesadilla y dormir también lo era. Cualquiera pensaría que mis sueños estaría relacionados con lo que vivía, pero lo que me atormentaban eran "demonios" que simplemente les gustaba ver mi miedo o causarme dolor o molestias físicas. Me libre de las personas molestas aislándome y creando un corazón de piedra en el que poco me importaba lo que pensarán, haciéndome cada vez mas frió en mi interior, aunque por fuera mostraba una cara apacible y fui una persona tranquila. Y aunque las cosas cambiaron al entrar a la adolescencia y mas al ser adulto solo una cosa permaneció inmutable, mis sueños.

Me gustaría decir que mi fortaleza apareció de pequeño, pero solo usaba mi inteligencia para huir y esconderme cuando podía hacerlo y en muchos otros casos estaba obligado a pelear. Pero fue casi a los veinticuatro años aproximadamente cuando hice frente realmente a esos "demonios"que me atacaban sin parar. Sin embargo, fue casi a los treinta que explote por primera vez dentro de un sueño cuando estaba realmente alterado por una situación que vivía y las constantes molestias en los sueños hacían que me despertará y no lograba dormir bien.

Esta vez, fue diferente, esta vez explote por una razón por la que no creía que lo haría, no de manera tan descontrolada.

Una ira incontrolable: La perdida de mi humanidad.

No era mi tiempo, estaba fuera de lugar. Ni siquiera estaba remotamente cerca de lo que era mi hogar, sino a cientos, miles de kilómetros en Asia, tal vez China o Japón, lo sé por las personas que allí estaban y no era la época actual. Parecía una era antigua de los tiempos de los sumarais, sin embargo algo discrepaba en el ambiente, era el templo que se encontraba en la llanura, parecía griego en cierta forma, sus pilares en la entrada y sus pasillos, pero no tenia la forma triangular que caracteriza sus techos y sus pasillos eran largos y amplios dando con un patio central. Tenia un tamaño de quinientos metros cuadrados y como cuatro metros de alto.

Había aparecido en medio de un campo de arroz, de la nada y por eso estaban corriendo despavoridos los campesinos. Veo a unos guerreros que se dirigen al lugar.

- ¿Que pasa? - les pregunto
- Demonios - dice el sujeto, que tenia la voz adusta- están peleándose entre ellos, pero una vez terminen su pelea seguro vendrá el ganador a por la gente del pueblo.

Vi a los guerreros y note que no eran muchos, creo haber visto a un par de mujeres con arcos, un hombre con una espada bastante grande, un monje y al otro no le recuerdo bien.

- Los acompaño - dije.
- Lo supuse - me respondió el sujeto que parecía ser su líder.

Mientras bajábamos la ladera hacia el templo iba pensado en quienes sería esos demonios, ese lugar me resultaba conocido. Cuando estábamos relativamente cerca un grupo de aldeanos paso a nuestro lado corriendo, uno de ellos pareció darse cuenta de nuestras intenciones y se detuvo.

- Tienen a algunas personas capturadas ahí adentro. ¡Tienen que salvarlos! - dijo antes de volverse y seguir al resto de los pueblerinos.

Al grupo aumento el ritmo de sus pasos y entramos al templo. Su entrada se veía oscura era imposible ver el final del pasillo, como si la oscuridad atrapara todo, había pasillos intermedios como si el lugar fuera un laberinto.

- Bueno, creo que nos tocara separarnos - dije.
- No es mala idea - concedió alguien detrás de mi.

Me adentre entre uno de los pasillos, girando alternadamente entre derecha e izquierda y entonces di con lo que debía de ser unas mazmorras y ahí vi a los aldeanos encerrados en unas prisiones grandes, pero vacías, estaban pegados a la pared o las esquinas del fondo de cada prisión. Me acerque a la puerta y la abrí sin ningún tipo de impedimento.

- Salgan - les dije - los llevaré a la salida.
- Son míos - escuche decir a alguien con voz de niña en la oscuridad del pasillo.
<Así que por eso no salían> pensé mientras volteaba.
Ahí estaba, si era una niña, también creo haberla reconocido de algún lugar. La niña era blanca como la nieve, su pelo hasta los hombros, sus ojos y su ropa, todo era blanco (No se confundan, tener los ojos blancos no significa que no pudiera ver si iris. Podía verla claramente, lo que no veía eran sus pupilas). Además la niña llevaba algo entre sus manos, un espejo. Era una niña que había visto en un anime, pero esta era de carne y hueso. Si era ella, tendría un problema, por que esa niña representaba la nada, no tenía ni alma ni energía. <Sin embargo, tiene esencia> escuche decir a algo dentro de mi y sonreí.

Tal vez, esa sonría la asustó por que una vez la vio ataco inmediatamente. Sus ojos se había abierto mucho lo que me hizo suponer que su ataque había sido instintivo, movido por el miedo. Movió una mano como si estuviera dirigiendo una corriente de aire y este me azoto con una fuerza que parecía un torrente de agua que acabará de llenar el pasillo hasta taparlo. Sentí el tirón y reaccione enseguida apuntándola con un dedo, el tirón desapareció y un rayo de luz purpura, como un láser atravesó el pasillo en su dirección.

<Ella> escuche su voz en mi cabeza y me di cuenta que antes no había hablado, se había metido en mi cabeza, por eso su reacción había sido tan rápida. La niña había desaparecido sin que la aniquilación la tocará.

Me di cuenta que estaba en el piso producto de la corriente que me había azotado, me levante y abrí las celdas nuevamente.

- Salgan, los llevaré a la salida.

Los aldeanos me siguieron hasta que llegamos a la entrada y al ver la luz corrieron para salir de aquel lugar. Yo dí la vuelta y me adentre en la dirección en la que se había ido los guerreros cuando nos separamos.

Estaba por llegar al patio central cuando los vi. Armas desenfundadas apuntando a un amasijo de <¿qué diablos es eso?> pensé. Sombras, en medio del patio, a plena luz unas sombras se retorcían mientras alguna parecían evaporarse en el aire. La cabeza de la sombra era la de un sujeto de cabellos negros, alto, joven y había perdido su brazo izquierdo de donde salia ahora otra cabeza, la de otro hombre de cabellos negros, sus ojos eran rojos y despedía maldad.

- Ese ha sido un buen golpe, ahora me encargaré de ti - dijo dirigiéndose a la cabeza mientras un nuevo brazo salia para agarrarla.

El demonio movió su brazo derecho para interceptar la mano y las sombras empezaron a danzar en una agitada pelea por tomar el control del cuerpo. El aire se había tornado frió y pesado.

- ¡Ahí viene! - escuche decir con emoción a una de las mujeres guerreras, mientras señalaba el cielo, nublado con aires de tormenta.

<Otro demonio>  pensé al verlo. Pero este era diferente, aunque parecía tan poderoso como el que se batía en sombras, este iba a enfrentarlo. Vestía ropas blancas y un cabello blanco que le llegaba a la cintura y parecía ir flotando a gran velocidad por el cielo, a unos kilómetros de distancia se le ve decender en tres grandes remolinos de sombras que lo cubrían. Unos tornados que sonaban con estrépito mientras se iban acercando al templo.

<La tengo> escucho decir a una mujer <ahora ya no podrás vencerme> unas imágenes llenaron mi cabeza y entonces entendí.

Yo estaba ahí en ese lugar, pero mientras yo estaba ahí nadie cuidaba de mi novia, con eso se refería a "ella". La niña apareció al lado de nuestra cama y la ve mientras duerme y levanta su mano hasta arrancar su alma y devorarla entonces producto de su energía la niña cambia y se transforma en una mujer, su espejo se vuelve un báculo blanco con una especie de perla del tamaño de un puño.

La veo aparecer desde las sombras del techo abovedado, elegante y despidiendo un poder enorme, aplastante.

<Su alma es mía> me dice una vez mas en mi cabeza.

(Si he de decir cual es el mejor momento de mi vida, tendría que decir que es ahora, junto a ella. Es ahora cuando mas querido me siento y es a ella a la que le he abierto mi corazón. Esto debería ser suficiente para explicar mi reacción)

Si, explote. La irá con la que me había llenado tenía ya casi dos años que no la sentía. Mi sangre bien podía estar ardiendo. La oscuridad lo absorbió todo, expandiéndose como un incendió en un bosque seco. Mi atención se centro en aquella mujer de ojos blancos que volcó sobre mi, con total confianza todo su poder recién adquirido, poder que devore con todo mi ser. La pesadez, la presión del aire había desaparecido en lo que mi ira se había hecho sentir. Ella estaba a unos buenos metros en el aire, flotando a una distancia relativamente segura, pero en cuestión de nada ya le había agarrado del cuello con la mano izquierda, no, no una mano, era una garra cubierta de la mas absoluta oscuridad.

- ¿Dónde está? - le grite apretándola con fuerza. Era como apretar la piedra, dura y fría mientras sentía que intentaba absorber mi fuerza.
- <No puedes matarme> - me dice sin inmutarse.
Entonces veo que se aferra con fuerza a su báculo así que le agarro por el fragmento que parece hecho con una perla con mi "mano" derecha.
- ¿Dónde está? - le grite nuevamente mientras con mi mano absorbía todo el poder del báculo hasta dejarlo vació y este se astillo y empezó a quebrarse. Ahora su cuello empezaba a ceder, a agrietarse ante la enorme fuerza que ejercía.

Sus ojos se llenaron de terror, mientras absorbía poco a poco su esencia. <No puedes matarme> dijo esta vez en modo de suplica <esta dentro de mi>. El báculo exploto en mis manos como si fuera un cristal y solté a la mujer ya recuperando un poco mi cordura, pensando en como la recuperaría. Entonces me dí cuenta de una cosa más, la distancia hasta el piso era considerable y yo no estaba flotando, mi tamaño había crecido considerablemente en ese ataque de cólera.

Desde el piso me veía la mujer de ojos blancos llena de miedo y observe a mi alrededor. Los guerreros estaban tirados en el piso y retrocedía arrastrándose para alejarse de mi, aterrados. Vi tras de mi y note que los demonios que antes se enfrentaban ya no estaban ¿los había devorado junto al que apareció con la tormenta? No lo se, pero no quedaban rastros ni de ellos ni del que había ido a detenerlos.
<Esta dentro de mi, esta dentro de mi> repetía una y otra vez la mujer de ojos blancos.

Fin. Una ira incontrolable: La perdida de mi humanidad.

Desperté pensando que hacer con ella claramente aliviado de que solo hubiera sido un sueño. Abrace a mi amor, me relaje y volví a dormir.

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