✅ El prisionero

Cuando eres un niño muchas cosas pueden darte miedo. En la entrada anterior mencione cual fue una de las causas que provocaron en mi muchos malos sueños. Pero lejos estuvo de ser la razón de mi primera pesadilla. Nuestros sueños influyen en nuestras decisiones, y el próximo sueño sería la causa principal de que yo tomara una decisión que aunque mi madre no entendiera, para mi tenia todo el sentido del mundo.

Para entenderlo, es necesario conocer el contexto dado en el mundo real, yo he sufrido en mis piernas un problema común y es que tenia los pies un poco torcidos hacia adentro. Para corregir este problema me compraron unos zapatos ortopédicos que no solo doblaban el pie a la forma correcta sino que tenían una madera en medio que los unía.  En fin, una regla con zapatos a los extremos, así lo veía yo. Algo molesto y que hacia me dolieran los pies y que hacían caminar una verdadera tortura. Mi enemigo, mi subconsciente, ya tenia el material que necesitaba para atacarme y no pasaría mucho tiempo para que llegara a usarlo.

Por aquel entonces yo dormía en la habitación más grande de la casa junto a mi madre y , creo, mi hermano recién nacido, la cama estaba situada en el centro de la misma y o debía de tener como tres años punto que es muy importante tener presente en toda esta pesadilla.

El prisionero.

Estaba despertándome, no se bien si era un día de semana o un día sábado. Estaba solo en el cuarto y me despertó el sonido de las ollas o la licuadora que usaba mi madre en el piso de abajo. Al estar la habitación frente a las escaleras los sonidos llegaban claros. A través del techo de zinc, con goteras y levantando ligeramente al lado interno de la casa, se podía ver la luz del día. Parecen ser las 9:00 am.

<risas>

Volteó a un lado de la cama pues creí escuchar algo, el sueño que tengo es pesado así que me dispongo a volver a arroparme y dormir.

<risas detrás de mi>

Algo jala mi sábana arrebatandomela de la mano. Del susto me muevo hasta la cabecera de la cama, pegada a la pared viendo todos los bordes de la cama..

<risas bajo la cama> esas risitas eran bajas, como de quienes un grupo quien en complicidad intentan que su victima no se percate de ellos. En cierta forma una farsa pues se les podía escuchar cada vez mas claro.

¿Algo se movió en las paredes? Tuve esa impresión. Creí que los adornos que estaban en todas las paredes se había movido cuando yo me moví a la cabecera de la cama. Esos adornos, tenían algo extraño. Al verlos bien, me doy cuenta que es. Son muchos y que yo recuerde, no hay adornos en las paredes. ¡No son adornos! !Son bichos! Cucarachas, arañas, grillos, sapos, lagartijas de diferentes tamaños, una del tamaño de un caimán pequeño se movía por la pared. subía al techo y empezaba a caminar por el, poco a poco, muy lentamente cuando no lo miraba fijamente, cuando lo veía el resto de los bichos empezaba a hacer lo mismo. Dependiendo de la distancia, o se movían hacia el techo o a la pared más cercana, todos caminando hacia mi.

Debía verlos a todos para que no se movieran. Intente gritar, pero apenas me salió un hilo de voz. -mamá, intentaba decir. Mientras el miedo me abordaba en grandes cantidades, mientras las lágrimas de terror llenaban mi rostro.

<risas bajo la cama> risas que ya no le importaban ser escuchadas. Risas de cosas pequeñas pero llenas de maldad.

No sabía si saltar a la cama y correr a la puerta. Ya los bichos había llegado a la pared donde se recostaba la cama, me moví un poco al centro. Esas cosas seguían moviéndose cuando no las veía.

<cuando se baje de la cama lo agarramos> escucho en un susurro.

El miedo me estaba paralizando, y recuerdo pensar, si no me muevo van a llegar a la cama. Si no llego a la puerta van a llegar a la cama. Y me di cuenta entonces que la mitad del cuarto ya se había despejado. Y los bichos no caminaban por el suelo, solo por las paredes y el techo. Podía llegar a la puerta. Si corría rápido podía. Intente acercarme un poco a la orilla de la cama. Y vi como los bichos retrocedieron un poco. Como intuyendo que quería escapar. Mientras más me acercaba a la orilla ellos más se movían hacia la puerta. Pero eran lentos, yo podía llegar si corría. Así que respire y tome mi única opción, correr a la puerta.

Los bichos se movieron tan rápido como yo me movía. Sin saber por que. Apenas me baje de la cama caí al suelo. No podía correr. Me levante sin mirar atrás pero me costo, no podía separar los pies, intente correr y volví a caer. Los bichos había llegado a la puerta y bajan al suelo. Vi a mis pies. Esas cosas que me habían puesto estaban ahí, esos malditos zapatos ortopédicos estaban como grilletes impidiéndome correr. Y vi algo bajo la cama algo que se dispuso a salir de ella para atraparme.

Me levante tan rápido como pude y salte a la cama. Pensé que me agarraría los pies. Me voltee rápidamente y de espaldas llegue a la cabecera de la cama viendo desesperadamente a los bordes. Nada se asomo, solos risas. Y algo moviéndose en las paredes hacia donde estaba. Me moví al centro de la cama viendo en todas las direcciones y viendo como los bichos se quedaban en una posición neutral, ni cerca de la cabecera de la cama ni lejos de la puerta mientras las risitas sonaban bajo la cama.

Era un prisionero y aquellas cosas no me dejarían escapar.

Fin. El prisionero.

Recuerdo que desperté ese día acurrucado en el centro de la cama. Y tardaría unos años en dejar de correr hacía la puerta cada vez que me levantaba, salía del cuarto y baja las escaleras hasta estar cerca de mi madre. Luego volteaba y veía la puerta abierta del cuarto con recelo. Todos los días lograba escapar de ese lugar, pues fue un sueño que se repitió unas cuantas veces. Y llegué a maldecir las veces en las que mi madre se levantaba y no me daba cuenta, pues solo cuando estaba solo en el cuarto era cuando quedaba encerrado.

Pero para este niño de tres años estaba solo comenzando el horror pues doy fe de ello que este sueño no es nada para lo que vendría.

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