De aliados a enemigos. Segunda parte.
Tal vez algunos sueños nos parezcan tonto cuando ya entramos en la adultes, pero cuando solo somos unos niños que poco conocemos del mundo son otras cosas las que nos atemorizan. Tal vez es de nuestra infancia de donde han nacido los demonios que persiguen a muchos durante toda su vida. Muñecos asesinos, un closet que encierra un monstruo, fantasmas y demás. Pero que lo que te persiga sea algo que mantenías junto a ti todo el tiempo deja una marca de desconfianza y aunque fue en la vida real donde termine por aprender la lección, fueron estos sueños los que colocaron un precedente.
De aliados a enemigos.
Desperté una mañana, el cuarto aun estaba a oscuras pero se podía ver ya la luz del día (Si algo ha caracterizado la gran mayoría de mis sueños es que inician como si fuera un día cualquiera). Había dejado mi oso de peluche en una cesta donde estaba doblada mi ropa. No me sentía muy bien, me sentía cansado y veía las cosas un poco lento. Me levante, para ir a la puerta del cuarto y salir, me estrelle contra la puerta, la logre abrir y salí pero me caí junto al ultimo peldaño de las escaleras. Me había movido más rápido de lo que había querido.
<Se escucha un golpe sordo en alguna parte de la casa> parecía ser una pelota pequeña que había rebotado contra el piso. No le preste atención y bajo las escaleras hasta la cocina. Veo a mi madre cocinando, se mueve desde un lado de la cocina a otro a una velocidad desesperante. <<¿Por qué se mueve tan lento?>> pensé. Fui a la sala y otra vez me pareció llegar mas rápido de lo que pretendía y mi cabeza me empezó a doler, sentía que los ojos se llenaban de tensión, mis hermanos ven televisión pero las voces se escuchan huecas, lentas y gruesas. Algo no estaba bien.
<Otro golpe de pelota> Abrí muchos los ojos y vi desde un punto entre la sala y la cocina el pasillo que daba al balcón que llevaba al ultimo cuarto. <Otro rebote y otro más seguido> La vi, estaba cruzando el pasillo como si alguien estuviera haciéndola rebotar, arrojando la pelota al suelo con gran fuerza pero al rebotar esta llegaba siempre a la misma altura antes de rebotar de nuevo. Llega hasta las escaleras. Una pelota que parecía de goma roja rebotando sola una vez por cada escalón.
Fui hasta la sala y me monte en el mueble, cerca de una ventana viendo la entrada a la cocina, mientras escuchaba los rebotes venir. <<La puerta>>, por alguna razón creí que si habría la puerta a la calle la pelota saldría y se iría. Corrí y abrí la puerta viendo hacia la entrada, aun no se veía la pelota roja pero se escuchaba cerca. Deje la puerta abierta de par en par y me escondí detrás del mueble. La pelota parecía haber incrementado su velocidad y paso a través de la sala y salió. Espere unos segundos y corrí a la cocina.
<Se escucha un golpe soro en alguna parte de la casa> Otra vez en el ultimo cuarto. <Otro rebote y otro seguido> Algo estaba por salir de esa habitación y cruzar el pasillo. Corrí por las escaleras y subí al cuarto donde dormía. Sí pensaban que había salido entonces también bajarían las escaleras y saldrían. Cerré la puerta y me quede viendo a través de un orificio entre el marco. Vi pasar otra pelota roja cruzar, rebotando a mayor velocidad, un golpe seco tras otro, bajando las escaleras y yendo hacia la salida. Otra pelota roja pasa y otra y otra, cada vez más seguido metiendo el sonido del rebote en mi cabeza. <Percibo que algo se mueve por el rabillo del ojo derecho> Algo en la esquina.
Veo mi peluche, me decido a caminar para agarrarlo pero algo me detiene. Sus ojos, no son los mismos. Estaban dibujados en una chapa plástica, pero normalmente se ven inocentes y esta vez algo en ellos ha cambiado. Ahora me ven amenazantes y esta de pie sobre la cesta. Como si intentara distraerme cae al suelo y se queda inmóvil, mientras pareciera que las pelotas al rebotar se hubieran decidido romper el piso y todo en cuanto rebotaran, a menos eso me decía la fuerza de su rebote. El peluche se estaba levantando. Abrí la puerta para salir del cuarto, las pelotas rojas no parecían interesadas en mi, solo pasaban rebotando, con tal fuerza y velocidad que generaban una corriente de aire frío, no podía salir por ahí, si lo intentaba me aplastarían. El suelo de cemento tal vez podría soportar esos fuertes golpes pero era seguro que yo no. Cerre la puerta, y vi al peluche ya muy cerca de mi sin de ocultar sus intenciones, se preparaba para abalanzarse pero más rápido de lo que pretendía le arroje una patada y me subí a la cama.
Voltee a ver donde había caído. Desde todas las esquinas vi su reflejo, unos ojos rojos y más peluches, todos idénticos venir hacia mi. No, no era al peluche al que temía, sino a lo que fuera que estuviera adentro y lo que pretendiera hacer una vez me alcanzara. Muchos más salieron de todas partes rodearon la cama. En cierta forma fue cómico ver que saltaban para intentar montarse, pero la cama era demasiado alta para ellos. Me hubiera relajado de no ser por el sonido estruendoso de las pelotas al rebotar y esos miles de ojos rojos viéndome, rodeándome y esperando.
Fin. De aliados a enemigos.
No se en que momento me deshice de ese oso de peluche. Pero no lo volví a ver hasta ya casi los 11 años. Estaba sin relleno y desarmado, su tela de colores no servía. Le hice un cuerpo nuevo al que cosí la cabeza, manos y pies y luego lo rellene. Esa noche volví a tener, sino el mismo sueño, uno muy parecido.
De aliados a enemigos.
Desperté una mañana, el cuarto aun estaba a oscuras pero se podía ver ya la luz del día (Si algo ha caracterizado la gran mayoría de mis sueños es que inician como si fuera un día cualquiera). Había dejado mi oso de peluche en una cesta donde estaba doblada mi ropa. No me sentía muy bien, me sentía cansado y veía las cosas un poco lento. Me levante, para ir a la puerta del cuarto y salir, me estrelle contra la puerta, la logre abrir y salí pero me caí junto al ultimo peldaño de las escaleras. Me había movido más rápido de lo que había querido.
<Se escucha un golpe sordo en alguna parte de la casa> parecía ser una pelota pequeña que había rebotado contra el piso. No le preste atención y bajo las escaleras hasta la cocina. Veo a mi madre cocinando, se mueve desde un lado de la cocina a otro a una velocidad desesperante. <<¿Por qué se mueve tan lento?>> pensé. Fui a la sala y otra vez me pareció llegar mas rápido de lo que pretendía y mi cabeza me empezó a doler, sentía que los ojos se llenaban de tensión, mis hermanos ven televisión pero las voces se escuchan huecas, lentas y gruesas. Algo no estaba bien.
<Otro golpe de pelota> Abrí muchos los ojos y vi desde un punto entre la sala y la cocina el pasillo que daba al balcón que llevaba al ultimo cuarto. <Otro rebote y otro más seguido> La vi, estaba cruzando el pasillo como si alguien estuviera haciéndola rebotar, arrojando la pelota al suelo con gran fuerza pero al rebotar esta llegaba siempre a la misma altura antes de rebotar de nuevo. Llega hasta las escaleras. Una pelota que parecía de goma roja rebotando sola una vez por cada escalón.
Fui hasta la sala y me monte en el mueble, cerca de una ventana viendo la entrada a la cocina, mientras escuchaba los rebotes venir. <<La puerta>>, por alguna razón creí que si habría la puerta a la calle la pelota saldría y se iría. Corrí y abrí la puerta viendo hacia la entrada, aun no se veía la pelota roja pero se escuchaba cerca. Deje la puerta abierta de par en par y me escondí detrás del mueble. La pelota parecía haber incrementado su velocidad y paso a través de la sala y salió. Espere unos segundos y corrí a la cocina.
<Se escucha un golpe soro en alguna parte de la casa> Otra vez en el ultimo cuarto. <Otro rebote y otro seguido> Algo estaba por salir de esa habitación y cruzar el pasillo. Corrí por las escaleras y subí al cuarto donde dormía. Sí pensaban que había salido entonces también bajarían las escaleras y saldrían. Cerré la puerta y me quede viendo a través de un orificio entre el marco. Vi pasar otra pelota roja cruzar, rebotando a mayor velocidad, un golpe seco tras otro, bajando las escaleras y yendo hacia la salida. Otra pelota roja pasa y otra y otra, cada vez más seguido metiendo el sonido del rebote en mi cabeza. <Percibo que algo se mueve por el rabillo del ojo derecho> Algo en la esquina.
Veo mi peluche, me decido a caminar para agarrarlo pero algo me detiene. Sus ojos, no son los mismos. Estaban dibujados en una chapa plástica, pero normalmente se ven inocentes y esta vez algo en ellos ha cambiado. Ahora me ven amenazantes y esta de pie sobre la cesta. Como si intentara distraerme cae al suelo y se queda inmóvil, mientras pareciera que las pelotas al rebotar se hubieran decidido romper el piso y todo en cuanto rebotaran, a menos eso me decía la fuerza de su rebote. El peluche se estaba levantando. Abrí la puerta para salir del cuarto, las pelotas rojas no parecían interesadas en mi, solo pasaban rebotando, con tal fuerza y velocidad que generaban una corriente de aire frío, no podía salir por ahí, si lo intentaba me aplastarían. El suelo de cemento tal vez podría soportar esos fuertes golpes pero era seguro que yo no. Cerre la puerta, y vi al peluche ya muy cerca de mi sin de ocultar sus intenciones, se preparaba para abalanzarse pero más rápido de lo que pretendía le arroje una patada y me subí a la cama.
Voltee a ver donde había caído. Desde todas las esquinas vi su reflejo, unos ojos rojos y más peluches, todos idénticos venir hacia mi. No, no era al peluche al que temía, sino a lo que fuera que estuviera adentro y lo que pretendiera hacer una vez me alcanzara. Muchos más salieron de todas partes rodearon la cama. En cierta forma fue cómico ver que saltaban para intentar montarse, pero la cama era demasiado alta para ellos. Me hubiera relajado de no ser por el sonido estruendoso de las pelotas al rebotar y esos miles de ojos rojos viéndome, rodeándome y esperando.
Fin. De aliados a enemigos.
No se en que momento me deshice de ese oso de peluche. Pero no lo volví a ver hasta ya casi los 11 años. Estaba sin relleno y desarmado, su tela de colores no servía. Le hice un cuerpo nuevo al que cosí la cabeza, manos y pies y luego lo rellene. Esa noche volví a tener, sino el mismo sueño, uno muy parecido.
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