Un ángel de la muerte.

Nuevamente aquí, después de un rato sin escribir. Cada vez cuesta más conseguir el tiempo, de hecho, he escrito tan rápido algunas notas anteriores que al observarlas he notado varios errores en algunas palabras que he escrito. Espero no haya sido inconveniente para entender lo que se buscaba expresar por que realmente no tengo tiempo de corregirlas, perdón por eso.

Ahora al tema, si soy sincero, deje de escribir porque note algo preocupante la última vez que escribí mis sueños, todas las noches tengo sueños y siempre tengo sueños malos, aunque no lo recuerde y escribir los sueños me hace recordarlos con más facilidad y eso no es necesariamente bueno, teniendo en cuenta lo que siento en ellos. Ahora estoy nuevamente aquí, por que escribir es algo que me gusta y por que también descubrí que al recordar los sueños gano en la misma proporción que pierdo, o es posible que gane mucho más o tal vez pierda más. Eso lo podrán juzgar ustedes en este sueño.

Un ángel de la muerte.

No estoy seguro ya de nada, ni de en que creer. Si me siguen desde hace algún tiempo sabrán que no creo en Dios, pero cada vez más el Dios en el que no creo es el que han creado los humanos. He pasado por distintos eventos en este periodo de tiempo que no he escrito y eso me ha hecho replantearme muchas cosas, sobre todo por que no he estado solo en esos eventos. Pero aunque la pregunta de si existe algo más tal vez se haya respondido, eso solo ha dejado una pregunta más grande ¿Qué soy?

No recuerdo con exactitud cuantos llevaba ya, pero algo si sabía, ellos no debían estar ya ahí y por lo tanto debía llevármelos. Estaba sobre la azote de un edificio abandonado, era de noche y parecía hacer frío, pero era algo que no sentía, solo lo sabía. Me deslice entre el techo de la azotea con ligereza, atravesándolo hasta llegar al piso más alto. Nada, estaba vació, pero estaban cerca, podía sentirlos. Así que baje un piso más, de igual manera atravesando el piso como si de agua se tratara, agua cuando yo quería que fuera agua, solido, cuando quería que se solidificara.

Y ahí estaban, cuatro espíritus que acaban de verme llegar atravesando el techo del piso y que a pesar de ya no estar en el mundo de los vivos, parecían impresionados.

- ¿Cómo has hecho eso? - pregunto uno claramente no solo asombrado.
- Eso algo que tu no puedes hacer. - Le respondí amablemente - ser un fantasma no implica poder atravesar las paredes.
- Entonces, ¿no eres un fantasma? - me pregunto otro, un niño de cerca de diez años y de pelo negro.

No pude evitar sonreír al escuchar eso - ¿Yo un fantasma? No niño, no estoy ni cerca de ser algo así. Soy un ángel y he venido a buscarte.
- ¡He! ¿me voy al cielo? - me dijo con ojos muy abiertos y llenos de emoción.

Creo que debo aclarar unas cosas, estos fantasmas no tenían ninguna apariencia que pudieran indicar que era eso, no tenían heridas, no eran transparentes ni mucho menos flotaban. Era como ver personas físicas y materiales, no existía alguna diferencia. Sin embargo, yo sabía algo más, varias cosas más de hecho, una era cuanto tiempo llevaban ya de haber muerto, y de los presentes el niño llevaba varios años mientras los otros tenían menos de tres años de haber fallecido, la otra cosa, era que el lugar que parecía abandonado, estaba habitado en otro plano, lleno de personas vivas y se veía completamente diferente a ese lado.

- Vamos - le dije sonriendo y estirando la mano para que me la tomara - no podemos retrasarnos más.
- ¿Y nosotros? - dijo uno de los otros fantasmas - ¿No iremos al cielo?
- Aún no es su tiempo - dije al tomar la mano del niño para encaminarlo fuera de aquel lugar - pero cuando llegue el momento, entonces vendré por ustedes.

Aquellas palabras no sonaron para nada alentadoras y la verdad, no tenían por que serlas. La oscuridad que estaba por verse habría aterrado a cualquier alma viva o muerta. Nos desvanecimos del lugar, saltando a otro plano, uno distinto al de los vivos y al de los muertos, un plano donde se podían observar las estrellas y a algunas galaxias no tan lejanas.

- ¿Este es el cielo? - pregunto el niño.
Solo lo observe un segundo antes de devorar su alma y sin prestar mayor atención vi en una dirección al azar y con oscuridad en los ojos salte al plano de los vivos a un lugar especifico a continuar con la recolección.

Esta vez, aparecí en una ciudad, desconozco el lugar, era una vía muy transitado por vehículos. Una intersección de varias calles, creo. Estaban en la esquina, no podía verlos pero sabían que estaban ahí, los sentía. Así que camine en ese plano hasta esa dirección y solo cuando estaba por llegar pase al otro lado, al mundo de los muertos.

Aparecer de pronto en un lugar causa el mismo efecto tanto en los vivos como en los muertos, tres sujetos vestidos con ropas holgadas pegaron un brinco de susto cuando me vieron aparecer y sus ojos se abrieron mucho, llenos de terror.

- ¡Pero que diablos...!
- ¡Cállate! - dijo otro interrumpiéndolo rápidamente - no digas eso, no lo atraigas.

No pude evitar reír a carcajadas y después de un rato en el que me controle, observe que me veían ya más calmados.

- ¡Ah! - dije al fin -  el diablo, si, bueno no creo que venga hasta acá y menos mientras yo este cerca. Verán, creo habérmelo encontrado hace un tiempo y me parece que le he hecho una buena cicatriz.
- ¿Eres un ángel o un demonio? - pregunto uno atemorizado.
- Ninguna de hecho - respondí sonriente, luego volqué sobre ellos una mirada fría y amenazadora ya sin sonreír - soy un devorador de almas - les dije observando aquello que ellos no podían ver, aquello que me indicaba que el tiempo de aquellas almas en ese lugar ya había caducado.

No hizo falta que dijera más y al parecer, de ese lado no se toman las palabras a juego, pues apenas termine la frase ya los tres estaban corriendo en direcciones diferentes.

Si lo anterior no hubiera sido ya bastante, lo que seguía solo lo haría peor, no me moví, no hacía falta que lo hiciera, sombras, como cuerdas con vida salieron de mi, una docena por cada fantasma. Atravesaron sus piernas brazos y cuerpos y dejaron oír sus gritos lamentables solo unos segundos antes de que se volvieran humo negro, entrelazados con las cuerdas que se expandían y engrosaban. Humo, que se arremolino y volvió a mí con tres nuevas almas consumidas.

Nuevamente, sin sentir el más mínimo pesar, volteo en una nueva dirección y me desvanezco en el aire, hacía otro plano a buscar más almas.

Fin. Un ángel de la muerte.

Esto es lo que recuerdo de aquel sueño, aunque estoy seguro fue más largo, sobre todo por que sentía que habían sido muchos a los que había buscado. Se que estos sueños no son normales, pero no este tampoco es el más raro que he tenido en estos días.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Abandona toda esperanza, estés donde estés

Una lugar peculiar.

El universo dentro de mi.