Visitas indeseadas: Una victima de la arrogancia.

Parece que cada vez el tiempo que tengo se va reduciendo poco a poco y eso que no tengo grandes responsabilidades sobre mi. Intentaré continuar nuevamente con mis escritos después de haberlos detenido durante cuatro meses. Lo que si puedo decir a mi favor, para mi desagrado pero quizás no para el de ustedes, es que dejar de escribir no ha significado dejar de tener mis peculiares sueños. Así que si hay material y solo requiero tiempo para ponerlos al día.

Qué son las pesadillas sino la representación de nuestros temores. Antes de introducirlos en el siguiente sueño, pónganse en mi lugar y piensen en que hubieran hecho de ser yo con sus creencias y limitaciones. Tal vez el desenlace hubiera sido muy diferente y su temor se habría acrecentado temiendo tener un sueño similar nuevamente. Tal vez correrían a su iglesia a pedir perdón, confesarse o pedir ayuda. Pero ese no soy yo, deje los temores atrás y ante la sensación de peligro la emoción y la adrenalina se dispara llenándome de euforia esperando que se trate de un digno oponente.

Visitas indeseadas: Una victima de la arrogancia.

Para ser sincero, no recuerdo como inicio el sueño. El lugar en el que me encontraba parecía tratarse de un castillo iluminado por grandes lamparas colgantes y solo pude vislumbrar el bosque exterior una vez antes de adentrarme en el castillo rumbo a la biblioteca. Iba guiado por un sujeto de ropas que parecían a mi parecer de estilo británico. Al llegar a la biblioteca él me habré la puerta y con un gesto de la mano me invita a pasar.

- ¿Cuántas entradas hay a este lugar? - le pregunte.
- Solo esta - me respondió - No hay ventanas en la biblioteca.

La biblioteca no es que fuera enorme, pero si era amplia, tenia una ligera forma de "L" y casi nueve metros de altura, así que había un segundo piso lleno de libros y muchas lamparas a cada costado que permitían una buena iluminación. En el centro había una especie de palco, pero en la planta baja, lo que lo hacia extraño e inútil teniendo en cuenta que no tenia mesas o lugar donde sentarse, pero ahí estaba la escalera vertical de madera al segundo piso.

- Perfecto, cierra la puerta, que nadie pueda entrar por ella. - le dije con seguridad.

Pensé que me iba a decir algo al respecto, pero solo se limito a seguir las instrucciones y cerrar la puerta, pero note que permanecía adentro.

- No creo que quieras quedarte de este lado - le dije y eso si pareció sorprenderlo.
- No puedo dejarlo aquí adentro solo.
- No estaré solo por mucho tiempo y dudo que quieras estar en la misma habitación de nuestro visitante. Sobre todo por que no viene con buenas intenciones. - le respondí mientras sonreía con malicia.
- ¿Sabes quien es? - Pregunto algo intrigado.
- Alguien que no necesita puertas ni ventanas para entrar ¿te suena conocido? - le dije sonriendo y mostrando la ironía suficiente como para que entendiera que realmente no quería estar ahí.

Su palidez me dejo claro que entendió el mensaje o tal vez fue la sensación que lleno el aire, la pesadez y la oscuridad que parecía querer adueñarse de cada esquina aunque el lugar estaba bien iluminado. Aún no había llegado pero ya el cambio en el ambiente presagia su llegada. Mi guía salió apresurado de la biblioteca y pude escuchar como cerraba  con llave la puerta.

Entonces, al final de la biblioteca hizo su aparición aquel visitante, la pared de ese lado desapareció por completo dando "visibilidad" a una oscuridad total que amenazaba con inundar la habitación, una oscuridad solidad y al mismo tiempo líquida. El ambiente se hizo mucho mas pesado, como estar bajo el agua, un aire tan pesado que podías sentir como si fueras a ahogarte en cualquier momento mientras la luz parecía luchar con la oscuridad que avanzaba cada vez más. Conocía bien esa sensación, esa fuerza que impide a la mayoría gritar o moverse y que recorre el cuerpo con un escalofrío que hiela la sangre. Esté no era un espíritu cualquiera, era un demonio.

Un circulo dorado se dibujo a centímetros del suelo, flotando en el aire, en aquella parte de la habitación justo frente a la oscuridad y un pentagrama se veía dentro del círculo con símbolos al rededor del mismo parecidos a runas. Solo fue un segundo y sobre el círculo se mostró una entidad con un cuerpo similar al humano pero su cabeza era la de una bestia, ¿un toro tal vez? No, era una bestia en si, pero no creo que pueda compararse a algún animal conocido aunque sea similares en apariencia.

El circulo dorado titilo y al instante estaba sobre el palco trasladando con el a la criatura. Antes de que el circulo desapareciera este se torno anaranjado brillante y otro circulo del mismo color apareció en el mismo lugar donde había aparecido el primero.

- Te estaba esperando - dije sonriendo antes de voltearme hacia el demonio.

Este intento moverse me pareció, pero ni siquiera pudo moverse un milímetro.

Señale el circulo anaranjado que brillaba bajo él. - Eso es un sello antropomórfico, modifique el sello que usabas para transportarte antes de que se disipara.

Esperaba alguna respuesta de su parte, pero parece el sello le impedía incluso hablar. Sin embargo, si podía seguirme con la mirada. Sus ojos negros se clavaron en mi mientras yo caminaba a pasos lentos en su dirección y subía por una escalerilla al palco para ponerme frente a él. Una mirada llena de orgullo y altanería, sin duda era un demonio de un rango superior a los que ya me había enfrentado pero para su desgracia yo ya no estaba a su alcance aunque él midiera casi los tres metros, o dos metros y medio para ser mas exactos.

No se movía, pero era evidente que quería aplastarme con toda su fuerza, lo estaba intentando sin detenerse y cada vez más podía sentir su frustración aunque no su perdida de confianza, se sentía seguro de si mismo a un nivel que realmente me sorprendía.

Levante mi brazo derecho ante él y un brillo plateado empezó a cubrirlo hasta que una especie de metal con forma de hoja de espada lo cubrió, entonces vi en sus ojos todo lo contrario a lo que buscaba y por primera vez logro hablar.

-  ¿Y qué se supone harás con eso?- dijo en una voz masculina, gruesa y clara.
- Te lo dije, te estaba esperando. - le repetí - con esto tomare tu cabeza.

Desde que había hecho aparición había intentado devorar a aquel demonio, pero su fuerza de voluntad era tal que no podía absorber ni una gota de su energía. Con un movimiento determinado y con fuerza moví el brazo para decapitarlo y la espada se destrozo en pedazo al tocar su cuerpo. Ambos nos vimos sorprendidos, aunque por razones diferentes.

- Bueno - dije con voz clamada - realmente esperaba cortarte la cabeza de un solo golpe.
- ¿De qué está hecha esa arma? - dijo él lentamente con los ojos abiertos aun haciendo un esfuerzo por moverse pero sin conseguirlo.

En su pecho, el metal de la espada plateada se disolvía en un líquido sobre la herida de casi diez centímetros que lo cruzaba de lado a lado, desde la parte izquierda del cuello hasta el lado derecho del pecho, tal vez por su altura no pude dar un golpe correcto. Pero sin duda su constitución y resistencia era mayor a la que me esperaba, pero él no esperaba que algo lo atravesará y menos que le causara un daño semejante.

- No se curará - le afirme - la espada se meterá dentro de la herida y evitará que se cierre. Aunque realmente esperaba matarte, creó que salio mejor de lo que esperaba. Ahora con esa herida en tu pecho, podré devorar tu alma.

Terror, eso lo reconozco. Es lo que vi en su mirada por que sabía que yo no estaba mintiendo y por que noto que la oscuridad que devoraba la habitación no era suya, era mía.

- ¡AYUDA! - dijo en un claro grito de desesperación - ¡AYUDA! - volvió a gritar mientras apenas lograba agitarse un poco dentro del sello y mientras yo estiraba mi esencia para devorar la suya.

Sentí entonces unos pasos ligeros, pero rápidos correr desde mis pies en dirección a mi pecho. Esos pasos no estaban en la biblioteca, eran en mi propia cama. En la lejanía escuche una voz femenina decir '¡Rápido! ¡Rápido!'.

No abrí los ojos ¿dormido o despierto? estire mi esencia sobre aquello que se había arrojado sobre mi mientras la misma voz femenina ahora gritaba - ¡Cuidado! - Su voz de alarma llego tarde pues ya había devorado a lo que sobre mi se había arrojado y estiraba mi esencia hacía ella, pero se retiro apenas terminaba de decir su advertencia.

Fin. Visitas indeseadas: Una victima de la arrogancia.

Desperté con una sensación de haber perdido la contienda. Ya había pasado cerca de dos meses en calma para entonces, pero eso iba a cambiar después de aquella noche.

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