El universo dentro de mi: un laberinto infernal.
Estoy seguro de que la creatividad conlleva un nivel de esfuerzo considerable y más cuando debes presentar algo al menos dos veces por semana. Siendo así, mi subconsciente es de hecho un prodigio por que aunque yo he creado historias interesantes, a veces me trabó por no saber como continuar el siguiente capítulo. No así mi subconsciente, que sabe exactamente que va a pasar y como va a pasar. Creando un mundo perfecto lleno de incoherencias que siguen sus propias reglas, reglas que no deben romperse a menos que quieras terminal mal.
El universo dentro de mi: un laberinto infernal.
Desperté en aquella habitación del apartamento nuevamente, solo que la puerta a la sala daba con otro lugar, la loza verde me decía que me encontraba en un sueño y que aquel no era mi apartamento. Ya había estado ahí y no me atrevía a salir de aquella habitación, pero esta vez la curiosidad me gano.
Camine a la sala y vi que una especie de banco hecho de cemento y cubierto con la loza verde estaba partidos y destrozado en un sector. El resto de la sala estaba intacto, pero sin muebles. Vi un pasillo que daba a la puerta principal y un baño al lado derecho del pasillo. Aquello ya descuadraba con un apartamento porque, claro, ya no estaba en el, estaba en una casa, la puerta que daba a mi habitación ya no existía. Revise el baño y luego fui hasta la puerta y salí del apartamento y entre en el laberinto.
Durante muchos sueños, había entrado a el por otros sectores y salia rápidamente de el, pero esta vez se veía diferente. No tenía la típica luz verde que iluminaba todo, la luz de aquel pasaje era gris y se sentía una sensación de peligro viniendo de todas las direcciones. Aun así me mantuve en calma, si ese era un camino a los nodos entonces lo recorreria.
Empecé a caminar por aquellos pasillos consciente de que no estaba solo. Algo muy evidente pues podía escuchar unos susurros provenientes de la oscuridad, susurros que se acallaron cuando un sonido prolongado y hueco se escuchó provenir de algún pasillo a mis espaldas. Era algo que se movía rápido y empujaba el aire, así que también debía ser enorme. No retumbaban sus pasos, así que debía deslizarse. Mi imaginación empezó a volar yde algo estaba seguro, no quería toparme con lo que fuera que producía aquel sonido.
Corrí, corrí y corrí por aquel laberinto sin rumbo fijo y no tarde descubrí que aquel lugar era la expresión máxima de cualquier laberinto. Una vuelta entre pasillos que deberían formar un cuadrado no te llevaban al lugar donde habías empezado, para volver a ese lugar debías volver sobre tus pasos. Habían muchas puertas que separaban sectores del laberinto. Algunas puertas estaban entre pasillo y pasillo y otras estaban más lejos. Mientras unas puertas estaban una al lado de la otra, otras estaban a cuadras de distancia. Pero algo era evidente, al cruzar cada puerta el lugar cambiaba irremediablemente. En aquellos lugares en los que se podía ver el cielo, este era gris, sin luna, sin sol, sin estrellas.
Había que moverse constantemente porque al quedarte mucho tiempo en un sector empezabas a ser asediado por criaturas que atacaban incesantemente, a veces el problema no era el número sino que aparecían más cuando vencias a alguno.
- ¡Hey! - Escuche una voz gritar - pero ¿qué estás haciendo?
Se trataba de un señor mayor, debía tener sesenta o setenta años, pelo blanco con bigotes y delgado, aunque no demasiado.
- ¡Ven aquí muchacho! O conseguirás que te maten.
Le rodeaba un aura de tranquilidad que me inspiró confianza así que me acerque a él y me hizo un gesto para que lo siguiera.
- Este lugar es peligroso, ¿es que nadie te ha dicho que no entres aquí sin un guía?
- Creo recordar algo así, aunque igual término aquí aunque no quiera - Le dije.
Me observó un momento mientras abría una puerta, como evaluandome. Me di cuenta que a diferencia de otras puertas aquella tenia cerradura.
- Estas buscando el camino hacia los nodos - dijo cuando pasamos y cerraba la puerta a su paso - no llegarás dando vueltas en círculo.
- No recuerdo haber completado el primero - le respondi irónicamente dando a entender que era casi imposible dar un círculo en aquel laberinto, el anciano se rió.
- Creo que he elegido muy mal mis palabras - dijo aun sonriendo - eres un chico listo, pero aún así necesitas un guía o nunca saldrás de aquí.
- Puedo volar si me pierdo en un lugar de cielo abierto - dije, aunque algo me decía que hacerlo era mala idea pero la cara de horror del anciano me lo confirmó.
- Eso sería lo más estúpido que podrías hacer en este lugar.
- Lo sé, por eso no lo he hecho. - Respondí antes de que pudiera continuar - he memorizado sectores del laberinto, parecen seguir cierto patrón, pero casi todos los caminos me alejan del centro.
- Eso es por que es ahí donde están las puertas a los nodos, incluso aunque llegarás no podrías avanzar más, necesitas las llaves de esas puertas.
Vi que en su cinturón llevaba algunas llaves y el noto que había fijado en ellas mi atención.
- Esas no muchacho, las llaves que buscas no son como éstas. Las que necesitas no las tengo yo, están en alguna parte del laberinto y conseguirlas no será tarea fácil.
- ¿Sabes donde están? - Le pregunte.
- No, pero se en que lugares no he buscado aun.
- ¿Por qué te interesan esas llaves? - Le pregunte.
- Soy el mayordomo, el amo de llaves de este lugar. Debo tener todas las llaves de o debía tenerlas para cuando volvieras. Aúna vez estén abiertas las puertas de los nodos este lugar ya no hará falta, ni yo tampoco.
- ¿No es posible que las llaves las tenga alguien?
- Las brujas - me respondió sin dudar - ¿pero para que las querrían? Para ellas no son útiles. De ser así sería muy peligroso enfrentarse a ellas, en algún momento las perderán y ese sería el mejor momento para conseguirlas.
Note en ese momento que no habíamos salido de aquel pasillo, este era especialmente corto y estaba algo amoblado, esa era la casa del mayordomo. Al lado derecho del pasillo había un pequeño baño, al final había una especie de parrillera, una forja o algo entre las dos. Luego giraba a la derecha y había una batea y otra puerta.
- ¿Te apetece algo de comer? - Me dijo el anciano mientras estiraba la mano ofreciéndole un pedazo de carne cocida.
La acepte de buena gana, no sabia cuanto tiempo llevaba en aquel lugar pero de pronto sentí un hambre enorme y una sed acumulada de varios días. Así que comí y bebí hasta sacearme.
- Debes dormir - me dijo - necesitas recuperar energía.
- ¿Estás de broma? - Le respondí arqueando una ceja - estoy soñando, se supone que estoy dormido.
- Pero consciente - me aseguro - y eso conlleva cansancio - completo la frase señalándome un sillón.
Me senté en el con algo de reticencia pero si me sentía cansado, estos sueños son agotadores.
Me desconecte del sueño, lo sé, pero no se cuanto tiempo. Entonces "desperté" nuevamente, dentro de aquel sueño.
- ¿Mejor? - Pregunto el anciano.
- No creí que retomaría este sueño. - Le dije.
- Este es el que tienes, ¿así que por qué ibas a tener otro? - Respondió el anciano como si yo acabara de decir una estupidez y se fue caminando a la forja.
Camine hasta la forja y salí por la puerta que estaba a unos metros cerca de ella, una puerta de latón con cerradura. Salí al laberinto impulsado por una seguridad renovada y nuevas energías. Tenía la sensación de que algo estaba cerca y que debía buscarle. Justo a dos metros al lado derecho había otra puerta, una de madera negra sin cerradura entre abierta. Ese pasillo estaba al aire libre, el lado izquierdo giraba unos treinta metros más allá pero la puerta llamo mi atención así que la atravesé.
Se ubicarme mentalmente, así que tenía en mente la posición de la casa del anciano en cada vuelta que daba y lo bueno de aquel laberinto era que no habían vueltas curvas, todos los cruces, vueltas e intercesiones marcaban noventa grados. Aunque no pudiera dar un cuadro completo y llegar al mismo punto de alguna manera sabía como llegar a el por un pasillo diferente, estaba entendiendo la ilógica de aquel laberinto.
- Si sigues dando vueltas así terminarás por perderte muchacho - escucho la voz de una mujer mayor.
Estaba justo al lado mio, observándome con curiosidad aunque en ningún momento supe como se me acerco tanto.
- Eres sigilosa para tu edad - le dije, no sentía en ella algo que temer o tal vez ya me había enfrentado a cosas bastante aterradoras como para que una anciana me asustara.
- Tu solo prestas atención a lo que procura hacer daño y yo no soy de esas cosas - me respondió - ¿Buscas algo?
- De hecho, si. Pero no recuerdo que es. - dije sonriendo, tiendo a olvidar las cosas con demasiada frecuencia.
- ¿Algo para abrir una puerta quizás? - me inquiere la anciana.
- ¿Tal vez dos puertas? - dice otra anciana que estaba detrás de mi, tampoco la había sentido y esta vez si que me sorprendí, había otra anciana justo a su lado.
- ¡Llaves! Si, es eso lo que estoy buscando. ¿Han visto alguna?
- ¡Un llavero completo! - respondió una de aquellas ancianas - ¿te interesan?
- Si, claro que me interesan. - les dije.
- Bueno, acompáñanos un rato y te las daremos. - dijo una anciana mientras empezaba a recorrer el pasillo oscuro mientras las otras dos estaban a cada lado mio.
Mientras andábamos sentí algo detrás de mi. Muy lejos pero la sensación iba creciendo más y más.
- Algo viene hacia acá y viene rápido. - dije y note que las ancianas estaban muy serias.
- Si, desde que estas aquí están muy agitados, te cazan. Intenta espantarte.
- Hablando de eso, no parecen agradar al mayordomo - les dije sin más y todas se rieron.
- ¡Ah!, eso es culpa nuestra, cada vez que podemos le quitamos una que otra llave. - dijo la que iba enfrente.
A travesamos otra puerta y salimos a un área más amplia con varias intercepciones de pasillos que parecían mas varios patios grandes. Entonces sentí una mano agarrarme de la camisa por el pecho y tirar de mi hasta una esquina mientras otra mano me tapaba la boca. Una de las ancianas señalaba algo a lo alto.
- No debe vernos o sera nuestro fin - dijo una en voz baja.
Alce la vista y entonces vi, a una altura considerable una especie de muro gigante, en un extremo había una puerta de madera, al otro una de rejas. Su tamaño debían de ser de unos cincuenta metros de alto y por aquella ultima puerta estaba saliendo un ser de casi la misma altura. Aquel pasillo debía estar considerablemente alejado, pero para aquella cosa solo le tomaría un salto llegar a nosotros pensé. Veía la coronilla de su cabeza y entendí que no era eso lo que temían las brujas, temían literalmente que las viera. Toda su coronilla parecía estar cubiertas por unos ojos rojos sangre y unos pequeños cuernos negros sobresalían de su cabeza. A mitad del pasillo había un muro que se elevaba por encima de las paredes del pasillo y mientras aquella cosa pasaba por el aprovechamos para cambiar de posición y mantenernos ocultos.
Ya estaba por abrir la puerta el gigante cuando la puerta que nosotros habíamos dejado atrás se abrió de golpe y unas criaturas negras aladas y de ojos amarillentos, como sombras parecidas a las gárgolas, salieron disparadas hacia nosotros. Una de las brujas reacciono con velocidad pronunciando unas palabras extrañas y una llamarada barrio con las primeras criaturas que salían, mientras la segunda bruja potenciaba el hechizo con un torbellino de viento que hizo crecer las llamas.
- Ven conmigo - dijo la otra anciana tirando de mi hasta uno de los pasillos que discurría lateralmente señalándome una dirección - sigue por ahí hasta llegar con el anciano, toma las llaves.
- Puedo ayudarles - le dije.
- ¡No! El no debe verte, ¡vete ya! - me dijo mientras me daba la espalda y pasaba al patio donde estaban sus hermanas pronunciando aquel extraño idioma.
Un relampaguear fue lo ultimo que vi antes de empezar a correr por aquellos pasillos buscando la casa del anciano.
Llegue agitado a donde estaba el anciano.
- ¿Pero dónde te habías metido? - me pregunto claramente preocupado.
- Me encontré con las brujas - le respondí y sus ojos se llenaron de miedo.
- ¿Es qué te has vuelto loco? - me especto
- Ellas tenían las llaves y me las han entregado ademas de ayudarme a llegar hasta aquí. - le dije molesto por su reacción mientras le mostraba las llaves.
- ¡Oh! - dijo el anciano mientras caminaba hacia mi y tomaba las llaves - creo que las he juzgado mal, dio media vuelta y camino nuevamente a la forja.
Yo lo seguía y pasaba junto al baño cuando algo me halo de golpe y me metió en el cerrando la puerta tras de mi, encerrándome en la oscuridad de aquella habitación. Aquel jalón fue bastante molesto por no mencionar que casi caigo al piso y meto la mano dentro del inodoro. Me levante y me quede parado viendo como la oscuridad se disipaba y podía ver los contornos del pequeño sanitario y entre otras cosas note que toda la parte superior de este daba con alguna otra parte, la pared no llegaba al techo. Así que tal vez desde aquella otra parte oscura era desde donde aquella cosa había tirado de mi.
- ¿Qué esperas? - dije en tono amenazante - ¿Vas a atacarme o estaremos así toda la noche?
No hubo respuesta, ni movimiento, ni ataque.
- Si no vas a atacar entonces déjate de estupideces y déjame salir. - gire y tome el pomo de la puerta y abrí.
Salí del baño y lance otra mirada a este a ver si veía algo, pero no. Estaba completamente solo.
Camine hasta donde estaba el anciano que seguía junto a la forja, aunque seguía sin saber que hacia entonces se escucho un golpe sordo proveniente del pasillo y un torrente de aire sacudió y abrió las puertas como si de un tornado se tratará. Caminé empujado por el viento hacia la puerta e intente cerrarla empujándola con fuerza mientras el anciano solo me veía sin ninguna expresión en su rostro. El viento no parecía afectarlo. Logré cerrar la puerta pero la fuerza del viento se volvió a abrir.
- ¡Necesito la llave de esta puerta! - le dije gritando
El se me acerco y estiro la mano para entregarme una llave la cual tome y metí en la cerradura. Apenas logre cerrar la puerta nuevamente cerré el candado y al alejarme la cerradura se reventó. Recibí el golpe en el hombro y nuevamente luche para cerrar la puerta pero era una tarea imposible. El viento amaino a los minutos.
- Se ha roto la cerradura - dije sorprendido.
- Eso pasa con frecuencia - dijo el anciano - tendré que repararla más tarde. Toma - me dijo estirando el brazo y mostrándome las llaves que le había dado anteriormente.
Habían cinco llaves, tres llaves medianas que pudieran parecer llaves comunes, pero dos eran de plata y la tercera parecía de oro. Las otras dos llaves si que eran peculiares, eran negras y median dos veces el tamaño de las medianas, parecían mas de estilo antiguo pero su forma era difícil de adivinar.
- Las dos plateadas te servirán para abrir las puertas de los nodos - me dijo mientras yo examinaba las llaves.
- ¿Para qué es la dorada? - le pregunte
- No lo sé. El resto de las llaves tendrás que averiguar para que sirven. ¿Escuchas eso? - me pregunto mientras señalaba hacia arriba.
- Si - aquella melodía me era conocida.
- Es tu alarma y se te hace tarde. - me dijo sonriendo y mientras yo veía como se disipaba entre la luz que entraba por mis ojos al abrirlos.
Fin. El universo dentro de mi: un laberinto infernal.
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